Cita con la grandeza

Alba acaba de entrar por la puerta, se siente desanimada, hace tiempo que no se reconoce. Le falta alegría, está descentrada y dice que está pasada de vueltas.

Desde que ha llegado no para de hablar intentando poner en orden su mente saturada. Busca soluciones, un milagro, lo que sea que le permita volver a sentir la fuerza que tenía cuando estaba trabajando.

Y mientras yo la observo, la siento, la escucho. Me llama la atención cómo una simple silla de cocina parece un gran sillón que engulle su cuerpo, estrujándolo como si fuera un número contorsionista del Circo.

Aprovecho un silencio y le susurro: << Eres grande. >>

Alba, sorprendida por mis palabras, responde: << ¿Qué dices? >>

<< Eres GRANDE >>, repito elevando mi voz.

<< Pues no te entiendo. Yo no hecho nada para ser grande. Al contrario, me molesta que me lo digas. Me siento enfadada conmigo por no poder superar esta situación, por no haber alcanzado mis expectativas, por dejarme arrastrar por el miedo, por no poner límites, por no aprovechar mi tiempo… Si realmente fuese grande no estaría así. >>

<< Hay ocasiones en las que te sientes perdida y tiendes a sentirte pequeña. Y aún en ese momento, en el que sólo ves tus defectos o carencias, ¿sabes?, sigues siendo grande. >>

Alba me escucha asombrada y duda: << Yo quiero creer en mí, aunque ahora mismo lo veo complicado. Si realmente me valorase todo sería más fácil. >>

Y en ese instante empieza a contarme todas las cosas que haría. A medida que habla el tono de su voz es más fuerte, su mirada deja de clavarse en el suelo, su cuerpo empieza a desenredarse de la silla y su grandeza se hace visible…

<< ¡Claro que las harás! Y si nos hemos distanciado, puede que  sea el momento de reencontrarnos. Yo sigo dentro de ti aunque nunca te hayan hablado de mí, aunque no me veas, me sientas o me escuches. >>

<< Buenas noches Alba, descansa… Hasta mañana. >>

Autora:  La voz de tu fuerza interior.

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