A los 15 años dejé de estudiar..hoy soy Maestra

 

Dedicada a los jóvenes que rechazan la etiqueta de generación perdida. Una historia contada con el corazón, en la que Eva comparte sus dudas y esfuerzos por salir adelante. Ella creó paso a paso sus oportunidades y hoy sigue la cadena compartiendo su ilusión con adolescentes que se sienten desorientados.

hacia lo desconocido

Todo empezó cuando tenía 15 años: dejé el instituto porque no quería estudiar, lo consideraba una pérdida de tiempo, tantas asignaturas inútiles y tantos datos que no servían para nada.

En cuanto tuve la edad necesaria, 16 años, me puse a trabajar en la oficina de la fábrica de textil de mi padre, en la que llegó un momento en que sólo me dedicaba a coger el teléfono e ir por los almuerzos.

A los 17 años conseguí un puesto como aprendiz en una fábrica de bolsos, sin contrato, trabajando unas 56 horas por semana y cobrando poco más de 2 euros la hora. El trabajo era muy monótono y cierto día pensé que no quería que el resto de mi vida fuera así. Empecé a estudiar por las noches para sacarme el graduado en ESO. Lo conseguí; fue duro, pero lo conseguí. Fue la primera vez en toda mi vida que me sentía orgullosa por el trabajo realizado.

Ese mismo año me matriculé en Bachillerato de Ciencias de la Salud, en un instituto que impartía el turno de noche. Y ahí me vi yo, trabajando por las mañanas, estudiando por las noches y asistiendo a clases particulares de inglés, matemáticas  y química…

Y un día, sin apenas darme cuenta, ya había terminado el Bachillerato y estaba inmersa en los exámenes de Selectividad. Y los superé.  Fue seguramente la etapa más difícil: era joven, quería salir, conocer gente, todas mis amigas empezaban a viajar, a comprarse coches, ropa… Y yo no podía. Tenía sueños y eso implicaba trabajar de domingo a domingo para poder costearlos.

En cuanto se abrió el plazo me matriculé en Magisterio de Educación Primaria en la Universidad de Almería. Dejé mis trabajos, dejé a mi familia, a mis amigos y mi pueblo y me fui a  a emprender un nuevo proyecto: SER MAESTRA.

Esta ha sido la mejor etapa de mi vida. Me sirvió para ser la persona que soy, aprendí a ser tolerante y el verdadero significado de la palabra respeto. Descubrí que no me veía en mi vida haciendo otra cosa que no fuera enseñar y aprender mientras enseño.

Durante los veranos trabajaba en hostelería, ya que necesitaba el dinero para poder empezar de nuevo en septiembre. La historia se repetía: mientras mis amigas viajaban y disfrutaban, yo trabajaba en un bar.

Una vez acabada la carrera, había que opositar. Y así fue. Estudié, trabajé y pude sacar la oposición. Aunque no pude trabajar para una entidad pública, mis ganas de ejercer me hicieron conseguir mi primera oportunidad: un taller de empleo promocionado por la Agencia de Desarrollo Local de mi pueblo.

A día de hoy, después de 12 años trabajando en hostelería, estoy disfrutando en un colegio privado como tutora de un Programa de Cualificación Profesional Inicial (PCPI). No me dedico sólo a enseñar, sino a reinsertar a jóvenes con situaciones complicadas en el sistema educativo. Ejerzo de profesora, de madre, de tutora, de hermana mayor…

Soy de las personas que se sienten orgullosas de hacer lo que hacen, de estar en contacto con jóvenes que en su día lo dieron todo por perdido. Mi experiencia les sirve de ejemplo y les ayuda a seguir adelante. Les hago ver que es muy duro, pero  merece la pena y si yo lo he logrado ha sido con mucho esfuerzo.

“Si tienes un sueño y quieres luchar por el, no permitas que nadie te diga que no puedes hacerlo”.

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Agradecida a todas aquellas personas que confiaron en mí y a las que no confiaron también, ya que gracias a ellas me hice más fuerte; a aquellas personas que me dieron mi primera oportunidad y a aquellas que no me la dieron, porque me sirvió para no decaer; a mis compañeros de trabajo; a mis alumnos que hacen que mi profesión sea tan enriquecedora; y a mi familia y amigos que siempre han estado ahí, incondicionalmente.

Eva Carmen Poveda García.

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